Técnicas y artes para ser normal

Técnicas y artes para comer espaguetis en público

No resulta difícil comer lasaña, canelones o cualquier clase de cilindro de la familia de las pastas cortas. Sin embargo, nadie habrá dejado de observar que, cuando enfrente de uno se presentan decenas de hebras alargadas, con forma redonda o de listón, asalta la duda.

Primero, cuando llega la carta, es fundamental no pensar en protocolos de pijos ni en miradas que apuntan disimuladamente a tu boca, y que te juzgan, comparándote con un bebéal que no le entra la papilla y con sorbidos de lenguas de serpiente que evocan la aspiradora.

Céntrate, visualiza el placer de degustar esos jugosos hilos de pasta en cualquiera de sus formas y sabores. Y, sobre todo, sé valiente.

Observa la elección del resto de personas que te acompañan. Cuenta, ¿cuántos valientes se sientan en la mesa? Una vez escudriñado el resultado, enorgullécete de tu elección. Ahora, imagina al resto de comensales cuando eran niños, cuando tenían seis, nueve u once años, y piensa ¿cuál hubiese sido entonces su elección? Exacto. ¿Pues cuál si no es la comida favorita decasi todos los niños? Espaguetis. Siéntete doblemente satisfecho.

El siguiente paso viene cuando el plato ya está en la mesa. No utilices el utensilio de hoja afilada. Si, por cualquier circunstancia, te encuentras empuñándolo por el mango, detente. Despedazar la fibra hervida es el primer signo de abandono. Significaría coger el atajo más rápido para esquivar tus miedos.

Tampoco te ayudes con la cuchara, aunque su uso se haya generalizado: ni siquiera el protocolo la admite, y conviene que lo sepas si te encuentras rodeado de gente selecta y necesitas dar una explicación. Aunque lo mejor es no dar ninguna.

Coge el otro cachivache con cuatro clavos, hinca sus dientes en esas colas de lagartija y gira, enrollando con precisión, antes de que sus cuerpos resbaladizos se te escapen. Recuerda que, posteriormente, desecharás una cantidad de fideos directamente proporcional a la engullida, cortándolos con tus incisivos al estilo ardilla. Más engulles, más espaguetis vuelven a caer al plato. Así que, elige bien, en consonancia con tu grado de fascinación por la ley de gravitación universal de Sir Isaac Newton.

Una vez los tengas en tu boca, goza. Saborea la lluvia de estrellas fugaces que se encuentran en tu espacio, las partículas de polvo granulado lácteo, las rocas salinas que eclosionan como fragmentos desprendidos del sistema solar que, alchocar con la atmósfera de tu planeta gustativo, se vaporizan, formando un gas ácido que se ioniza, haciéndote brillar los ojos.

Y si, por un casual, sientes que cualquier mirada se dirige hacia ti, olvídala. Vuelve a la conexión de tus cinco sentidos que te transporta a la infancia, a esa procesión de barcos amarillos que tiran bengalas al cielo y traen, directo del mar a tu paladar, almejas y mejillones frescos y calamares rosados.

Emite sonidos de placer. Un “umm” está bien. Y no te preocupes por si suena a orgasmo, el “umm” está universalmente aceptado en el lenguaje culinario, siempre y cuando no te excedas en el tono o el ritmo de repetición. También puedes absorber como un chupóptero o en planLa dama y el vagabundo. Hazlo con potencia para que, al final, cuando la punta del tallarín entre en tu boca, golpee el labio superior como un látigo.

Existe un hermano bastardo del espagueti, el bucatini que es hueco por dentro, por lo que cuando absorbes se genera un silbido como el que se oye cuando soplas en el cuello de una botella de quinto de cerveza vacía. Por si no lo sabías, para algunas culturas como la japonesa, esta clase de artes del chupar son sinónimo de agradecimiento por parte del comensal hacia el anfitrión.

Y si al finalizar te queda algo de salsa en el plato, coge elpan y moja.

Por último, si has seguido estos pasos correctamente, pero te has olvidado de colocarte la servilleta en forma de babero, es probable que tu camisa haya desarrollado un complejo de anuncio de detergentes. En tal caso, no te avergüences. ¿Qué mejor ilustración tu experiencia?

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